El verano debería ser tiempo de desconexión, pero en muchas casas de Gijón hay una nube gris de fondo: los exámenes de septiembre. Si tu hijo o hija adolescente tiene alguna asignatura pendiente, es probable que lleve semanas evitando el tema, o todo lo contrario, que el repaso de verano le esté generando más ansiedad de la que veíamos durante el propio curso.
La ansiedad por los exámenes de septiembre tiene un componente añadido que no está presente en junio: la sensación de «segunda oportunidad bajo presión», mezclada con la culpa de «tener que estudiar mientras mis amigos están de vacaciones». Esa combinación puede ser más dura emocionalmente que un examen ordinario, aunque el contenido académico sea el mismo.
Por qué la recuperación de septiembre genera una ansiedad distinta
No es solo «más de lo mismo». Los exámenes de septiembre suelen venir cargados de un significado extra: para muchos adolescentes representan el fracaso de todo un curso condensado en una sola prueba, con la fecha límite de por medio y sin el apoyo diario del aula y los compañeros. El cerebro adolescente, todavía en desarrollo en las áreas que regulan la impulsividad y la gestión emocional, procesa esto como una amenaza mucho mayor de lo que objetivamente es.
Señales físicas que conviene vigilar en verano
Aunque no haya «rutina escolar», el cuerpo sigue avisando:
- Dolores de cabeza o de estómago que aparecen sobre todo al sentarse a estudiar
- Dificultad para dormir bien, aunque no tenga que madrugar
- Cambios en el apetito, sobre todo en las semanas previas al examen
- Cansancio o somnolencia durante el día pese a «estar de vacaciones»
- Tensión muscular o inquietud al hablar del tema
Cambios de comportamiento a los que prestar atención
En el contexto del verano, algunas señales pueden confundirse con simple pereza vacacional, pero conviene diferenciarlas:
- Procrastinar el estudio de forma sistemática, no como un «ya lo haré mañana» puntual
- Evitar salir con amigos por «tener mala conciencia» si no ha estudiado
- Irritabilidad o mal humor que aparece justo al mencionar la palabra «septiembre»
- Autoexigencia extrema, sintiendo que aprobar raspado «no cuenta»
- Negarse a hablar del tema o minimizarlo aunque por dentro le preocupe mucho
Qué no ayuda (aunque la intención sea buena)
Es habitual, desde el cariño, caer en frases que sin querer aumentan la presión:
- «Como no apruebes en septiembre, vas a repetir» — el catastrofismo alimenta el bloqueo, no la motivación
- Comparar con hermanos o amigos que «no tienen nada pendiente»
- Convertir todo el verano en un examen permanente, sin espacio real de descanso
- Supervisar cada minuto de estudio, lo que reduce su sensación de control sobre su propio proceso
Cómo acompañar el estudio de verano sin que se convierta en una guerra
Lo que sí ayuda es un acompañamiento que valide la dificultad sin reforzar el drama:
Establece una rutina de estudio realista, no una maratón. Bloques cortos y regulares (por ejemplo, dos horas por la mañana) funcionan mejor que sesiones larguísimas fruto del agobio de última hora.
Reserva tiempo de descanso real y dilo en voz alta. «Esta tarde es tuya, sin estudiar» ayuda a que no sienta que todo el verano está contaminado por el examen.
Pon la recuperación en perspectiva. Un examen de septiembre es una segunda oportunidad, no una sentencia. Frases como «esto es solucionable, no es el fin de nada» bajan la intensidad de la amenaza percibida.
Pregunta cómo puedes ayudar, en vez de asumirlo. Algunos adolescentes prefieren estudiar solos; otros agradecen que alguien les tome la lección. No hay una fórmula única.
Cuándo pedir ayuda profesional
Si notas que la ansiedad por los exámenes de septiembre le impide estudiar con normalidad, si el bloqueo se repite curso tras curso, o si aparecen señales de aislamiento o desesperanza más allá de lo esperable, puede ser el momento de pedir una valoración psicológica especializada. Un abordaje a tiempo, incluso en pleno verano, evita que esta ansiedad puntual se generalice hacia el nuevo curso que empieza justo después.
En Uggla Terapias trabajamos con adolescentes de Gijón ofreciendo un espacio confidencial donde hablar sin sentirse juzgados, junto con pautas concretas para las familias durante estos meses de repaso. Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos de ansiedad están entre los problemas de salud mental más frecuentes en la adolescencia — detectarlos a tiempo, incluso en verano, es la mejor forma de prevención.
Si reconoces a tu hijo o hija en varias de estas señales, no esperes a que llegue septiembre para actuar. Solicita tu primera valoración y demos juntos el primer paso hacia un final de verano más tranquilo.

